Érase una vez, en un mundo donde la globalización financiera imperante y el dinero reinaban por encima de todo, donde los derechos se regalaban en los mercados negros y la población dejaba de comer para que los autos tuvieran granos como alimentos que vivía una joven con ganas de cambiar.
Tenía ganas de cambiar ella misma para poder así generar cambios en el mundo que la rodeará, quería escuchar las canciones de Víctor Jara y sentirlas obsoletas, quería poder leer la historia de la clase obrera y que nada le resultase parecido, quería dejar atrás la miseria, la frustración y la desesperanza, quería soñar con la libertad y amanecer con un mundo de respeto.... Quería, lo deseaba tanto....
Y un día de lluvia, o de sol (van a disculpar mi mala memoria) la princesa se reveló y dijo que estaba harta de ver pasar la vida, de ver que las cosas cambiaban para que todo siguiese justamente como estaba, que estaba harta de los muertos de la indeferencia, del olvido, de la violencia de la que nadie habla, de la violencia del poder, del sistema, de la riqueza mal distribuida....
Y gritó y gritó en lo alto del monte....
De pronto algo la sorprendió, una gran mariposa azul voló a su lado. Le joven la miró sintiendo la unidad de todo el universo en aquel mismo instante, entendiendo todas las religiones politeístas y el robo de las monoteístas de la unidad... y sintió la luz....De pronto la mariposa se posó en su hombro y le susurro al oído, le susurró los mismos sueños que ella tenía, le susurró que existía gente que también estaba a dar el paso, le susurró que las cosas pueden cambiar para que ya nada fuese como era....
Feliz regreso a su casa pero casi nadie la creyó, casi nadie daba crédito a lo que decía y ella quería creerlo, necesitaba creerlo y salió a buscar a esa mariposa que tanto la había ayudado...
Llegó a lo alto del monte y no encontró la mariposa. La buscó. La volvió a buscar y la siguió buscando, pero ni modo, había ido a susurrar al oído de más personas, de más soñadoras princesas la posibilidad y la existencia de ese mundo que soñaban.
La princesa se decidió, dejó todo lo conocido y se dispuso a buscar ese camino, ese que solo se hace al caminar, al equivocarse, al caerse y al que parece agotado, pero en el cual se sabe que se va hacía adelante.En el camino descubrió una puerta, una que con rótulos de oro decía ser el camino y se dejó llevar.
Entró y la princesa quedó atrapada en una pantalla del ordenador, sin poder salir, sin poder seguir soñando, en una realidad que no la dejaba ser.
El maleficio solo se rompía cuándo la mariposa guiaba a su compañero, su amante, su amigo hacía ella. Lo malo es que estas visitas, estos momentos en los que traspasaban la pantalla del ordenador solo comprendían del tiempo que el sistema del tiempo y dinero permitían. Pero esos días robados eran tan sabrosos....
Pero un día la joven princesa se armó de valor y gritó, gritó y gritó hasta que quebró el vidrio que la tenía presa. Y en el momento de caer la muralla, allá estaba su mariposa azul, guiándole y felicitándole por el camino recorrido y por el camino nuevo que se abría ante ella por recorrer.